Ska Fest 2015: Festival de la hermandad

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El sábado 10 de octubre se realizó la primera edición del Pepsi Ska Fest en el WTC de la Ciudad de México.

Desde un principio el evento se tornó surrealista. ¿Por qué? Fácil respuesta, la realización de un evento de uno de los géneros más marginales de la cultura musical mexicana se iba a realizar en una de las zonas que es uno de los motores económicos del país: muchas empresas y dependencias están asentadas en la colonia Nápoles y específicamente, sobre Insurgentes. El género que en México siempre se a manifestado en contra del capitalismo, iba a tener su espacio en uno de los centros dedicados a este sistema económico.

En fin, el sábado fue muy curioso (y edificante para las personas que diario concurren en esa zona) ver pasar filas de chicos ataviados con playeras de bandas que en su vida habían imaginado que existían: Rude Boys, La Parranda Magna, Pánico Latino, La Cizaña, La Trenza de la Abuela y un largo etcétera desfilaban rumbo al lobby del WTC.

En el edificio se apreciaba una larga fila para comprar los últimos boletos para el concierto, la misma organización anunció, alrededor de las 5 pm, que el tiraje de entradas se había agotado y que aproximadamente 7500 personas se estaban congregando para apreciar el espectáculo.

En el WTC, se utilizó todo el lobby y la parte alta del inmueble. A los lados se apostaron los puestos de comida y bebida. Sobre todo estos últimos fueron los más criticados y que en general, causaron molestias, ya que no se respetó el horario de la promoción anunciada (2×1 de las 2 a las 5 pm) y las filas para adquirir cerveza fueron interminables y mal distribuidas.

Dejando esos pormenores, que fueron en verdad mínimos comparados con la fiesta que se armó en el Ska Fest, pasemos a lo que importa: las bandas y el ambiente.

La primer banda que subió al escenario en punto de la 1 pm fue Out of Control Army, banda formada por músicos de varias agrupaciones como Sekta Core o Los Victorios, y liderada por Deals (de Maskatesta), empezó a calentar los motores con su ska 2 tone y una base de seguidores fieles, a pesar de no haber sacado aún una producción discográfica, corearon a todo pulmón las canciones de la banda, que mostraron buenas bases que esperan explotar en un futuro.

Después subió el “Pino”, vocalista de Los Estrambóticos, quien fungiría como presentador y maestro de ceremonias en el evento, para presentar a Mamá Pulpa, banda como más de 10 años pero que últimamente habían estado inactivos y lo cual se percató al desentonar e impaciencia en el público asistente, que para ese momento ya llenaba casi la mitad del WTC.

A las 2:30 pm apareció la poderosa e indestructible Royal Club y con ellos, comenzó la verdadera fiesta, el slam, el mosh y la coreada grupal de esta banda que tiene 20 años de existencia. Con tan sólo media hora en el escenario, la Royal demostró porque es una de las bandas más queridas por la escena skacera nacional y de la mano de su líder, Rafa Montoya, hizo que la gente cantara temas como “Su Majestad”, “Cenizas en el mar”, “Ste ska” y “Una más de violencia”.

La siguiente banda en subir al escenario fue Vieja Skina, banda peruana que pisaba por vez primera nuestro país y que nos dio un descanso con su ska tradicional muy bien ejecutado, que no hizo imaginar que estábamos en el Caribe, con una cerveza en mano y sin importar más que la música. Excelente presentación de esta banda, que es uno de los pilares del ska en Latinoamérica.

Vieja Skina dejó al público extasiado, pero descansado, porque se avecinaba lo mejor de la noche. Primero Los de Abajo, quizás la banda de ska en México que más ha viajado por el mundo y también una de las primeras que experimentaron con el género. Los de Abajo demostraron el por qué han estado en pie por 23 años. Con su ska fusión y canciones emblemáticas como “Skápate”, “War 4 Peace”, “La Fuga” y “Labios Rojos” dejaron a los asistentes listos para el primer remate de la noche: Los Victorios.

La banda comandada por el “Chino”, “Timo, “Saúl” y “Mariachi” hicieron temblar al WTC por primera vez en toda la noche. El público se entregó a la banda e hizo comunión como pocas veces se ha visto no sólo en el ska mexicano, sino en la música en general. Si la banda decía “salten” el público saltaba, si decía “canten”, el público también lo hacía. Increíble presentación de esta banda capitalina, que demostró que su glorioso pasado como Salón Victoria quedó atrás y este presente se nota alentador.

Si hay una banda de ska que debe considerarse la mejor de Latinoamérica, esa debe ser Desorden Público. Los venezolanos tienen 30 años no sólo experimentando con el género, sino haciendo ya una identidad del ska en el continente. Con una formación sólida, una gran ejecución, un dominio monstruoso del escenario y uno de los mejores cantantes, la banda no tuvo que demostrar nada, ya que desde que subió al escenario, tenían a la bolsa al público. Sólo se puede decir que faltó “¿Dónde está el futuro?”, quizá su más emblemática canción, pero aún así, ¡Grandes!

A las 7:55 ya se notaban un poco los estragos de toda la tarde. Ya mucho público en el lugar iba al baño a sacar los efectos de la cerveza o de sustancias ilegales; todo para que estuvieran más o menos en condiciones de poder apreciar a Tijuana NO. Esta banda supo fusionar de gran manera varios géneros, no se puede decir que son 100% ska, ni mucho menos el ska fusión: ellos son punk, hard core, reggae, todos los ritmos marginales y por eso tenían que estar en el Ska Fest. Sin Luis Güereña y mucho menos Ceci Bastida, la banda se defendió bastante bien gracias a sus tres pilares: “Golpes Bajos”, “La Migra” pero sobre todo “Pobre de ti”, canción emblemática que casi hace derrumbar al enorme WTC con el poderoso slam y griterío que generó.

Después del cansancio, de la cruda que ya generaba a esas horas, llegaba el momento de verdad romántico de la noche. Desde Monterrey: Inspector, que tiene en su haber, el disco más vendido del ska en México: “Alma en Fuego”. Pero también es una de las bandas más solidas y que mejor tocan el género en el país. Nunca alejándose del 2 tone o del rocksteady, Inspector supo prender y llegar al corazón de los miles de enamorados skaceros. Con canciones como ¿Y qué?, “Osito dormilón”, “El dejado”, pero sobre todo “Amnesia” (a dúo con Roco de Maldita Vecindad) Y “Amargo Adiós” que hizo que la potente voz de Big Javi no lograra escucharse. Excelente final de esta banda mexicana, de las más limpias del género.

A este punto los 7 500 que asistimos (más o menos) estaban “molidos”, cansados, pero queriendo que nunca se acabara esa enorme fiesta. Pero todo debe acabar y el Pepsi Ska Fest terminó con la banda angular del ska mexicano. Si en los años 60, Toño Quirazco fue quien trajo el género a México, la Maldita fue la que hizo esa fusión con ritmos nacionales, esa fusión que a mediados de los 90, muchas bandas (muchas también tocaron ese fin de semana) retomaron e hicieron lo que se llamó el “boom”. Cumpliendo 30 años, Maldita Vecindad apareció en el escenario con toda esa experiencia y con todo el amor que le tiene su público. Una hora y media de la banda pilar del movimiento fueron suficientes para que el público los vitoreara y reconociera la importancia de esta banda en la música mexicana en general. Además de “Solín”, “Pata de Perro”, “Poco de Sangre”, “Don Palabras”, “Pachuco” o “Kumbala”, Maldita tocó la versión “Querida” de Juan Gabriel y cerró con una colaboración de Maldita Vecindad con Desorden Público.

Gran Festival fue el que se vivió el fin de semana, en donde se pudo corroborar que este género, muchas veces menospreciado por los “dueños de la música”, es uno de los más queridos de México. Que no sólo es un género para marginados y drogadictos, para personas sin trabajo y chicos que sólo buscan “echar desmadre”. El Pepsi Ska Fest confirmó que el género va más allá, porque logra reunir a personas de todas las edades (desde el chico desmadroso, hasta los padres de familia que al otro día tienen que ir a trabajar), de todas las clases sociales, de todos los países, porque el ska es un género que busca reivindicar lo esencial de la vida: la dignidad e igualdad entre todas las personas. Porque no es más el que se sube al escenario y toca por una hora, que el público que pagó hasta 500 pesos por 12 horas de música. Porque el ska lo que define es que debajo del color de piel, de la vestimenta, de lo que escuchas, de lo que comes, de lo que piensas; debajo de todo eso, siempre seremos iguales. Y eso se comprobó el fin de semana.

Colaboración especial de: Josué Flores Lara

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