Los infortunados años 1950 Y 2014

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1950 y 2014 representan momentos trágicos en la memoria de la selección brasileña de fútbol.Comenzaron siendo organizadores de la gran fiesta de cada cuatro años y terminaron por derramar lágrimas de tristeza ante la mirada incrédula de su afición.

El 16 de julio de 1950, Brasil llegaba a la final con la ventaja de ser anfitrión, la victoria o un empate eran suficientes para coronarse. Sin embargo, aquel día un aguerrido equipo uruguayo silenció el Estadio Maracaná; los goles de Alcides Ghiggia y Juan Alberto Schiaffino con el “Maracanazo” iniciaban la maldición brasileña y la mística de la “garra charrúa”.El 2014 era la oportunidad de reivindicarse, dejar atrás la tragedia de 1950, un representativo comandado por estrellas mundiales como Neymar, Oscar, Thiago Silva, David Luiz, entre otros, en busca de erradicar los viejos fantasmas y lograr el anhelado hexacampeonato.

El plantel dirigido por Luis Felipe Scolari, dejó muchas dudas sobre el terreno de juego, un pobre nivel futbolístico, pero con el que obtenía triunfos. Poco a poco se presagiaba una debacle. Chile, en octavos de final, los puso al borde de la eliminación. Colombia se rebeló en cuartos, pero la suerte jugaba a favor del “penta”. Siguiente reto en semifinales, Alemania.Las selecciones de Brasil – Alemania se vieron las caras en el Estadio Mineirao; un juego de pronóstico reservado y catalogado como “una final adelantada”. Con la ausencia de Neymar y Silva, el panorama lucía más complicado para el anfitrión.

La conjunción del despertar del arsenal alemán y las complicidades otorgadas por los brasileños fueron la fórmula ideal para un resultado escandaloso. Las desatenciones defensivas ante el acecho teutón provocaron una nueva catástrofe.Bajo el nombre de Alemania, la historia evocó a la fatalidad brasileña; le jugó de la peor manera, lo humilló nuevamente frente a su gente, despedazó las más grandes ilusiones de “la torcida”.

Sentenció cruelmente a la verdeamarela, sin capacidad de defensa, un rotundo 7-1, sepultaba los sueños de una nación que vive y respira fútbol, pero maldita en su propia tierra. Las imágenes eran semejantes a las del 50, lágrimas incapaces de responder el por qué de una nueva desgracia.

Escrito por:Octavio Sánchez

@OctavioSL92

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